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Educación emergente

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Motivación orgánica

17 de enero de 2022

Motivación orgánica

Existe una facultad humana que vos ejercés y das por hecho.

Vos entendés que si me decís algo y nadie más lo oye, pues entonces sólo vos y yo contamos con que lo sabemos. Es decir, vos entendés que cada ser humano tiene “punto de vista”, y tiene memoria tan sólo de su punto de vista.

Pero no siempre fue así.

Los niños no adquieren esta facultad hasta los 3 o 4 años y justifica que antes de esta edad les sea muy difícil captar las intenciones de otros niños o entender la mentira.

Existe un experimento, documentado y propuesto por primera vez por Jean Piaget, el test de Sally y Anne. En él se usa una canica y dos cestas para comprobar este hecho:

Existe una facultad humana que vos ejercés y das por hecho.

Vos entendés que si me decís algo y nadie más lo oye, pues entonces sólo vos y yo contamos con que lo sabemos. Es decir, vos entendés que cada ser humano tiene “punto de vista”, y tiene memoria tan sólo de su punto de vista.

Pero no siempre fue así.

Los niños no adquieren esta facultad hasta los 3 o 4 años y justifica que antes de esta edad les sea muy difícil captar las intenciones de otros niños o entender la mentira.

Existe un experimento, documentado y propuesto por primera vez por Jean Piaget, el test de Sally y Anne. En él se usa una canica y dos cestas para comprobar este hecho:

Descripción de lo que se ve

Experimento Sally-Anne. Sally y Anne tienen una canasta y una caja, respectivamente. Sally guarda una canica en su canasta y se va a pasear. Mientras tanto, Anne cambia la canica de la canasta a la caja. Ahora vuelve Sally. ¿Dónde va a buscar Sally su canica?.

Hay un punto preciso a partir del cual el niño entiende que Sally no dispone de información sobre el cambio de escondite. Hasta ese momento el niño juzgará que Sally va a buscar la canica donde de hecho está.

Recién habiendo formado esta facultad es que uno es capaz de mentir, pues antes no se distingue dónde está la “frontera” entre quien tiene cierta información y quien no. “Si yo lo sé, pues pfff obvio que mamá lo sabe”.

El punto es que hay etapas, marcadas por facultades concretas.

La adolescencia revela otras facultades. La adultez, otra.

Es evidente que cuando se alcanza cualquiera de estos puntos, lo que se haya revelado es imposible “des-verlo”. Por eso existe un familiar sentimiento de ruptura en cada cambio de etapa.

Bien.

Podemos profundizar en esto que parece tan natural y evidente.

No esperaríamos que un niño quiera escolarizarse en miras a un futuro abstracto, ni que un adulto corra al empleo como un niño a la hamaca. Lo que en cada etapa hace a la motivación “orgánica” (propia, genuina, espontánea, no-forzada) depende de las facultades en desarrollo en esa etapa.

Los niños no precisan asesoramiento respecto a esto… tan sólo espacio.

Dirijamos entonces nuestra atención a los adultos. ¿Qué hace a una motivación orgánica?

Pensamos que la palabra japonesa “ikigai” (生き甲斐, se lo traduce aproximadamente como “razón de ser”) lo representa bastante bien. La palabra refiere al reconocimiento de un propósito o dirección significante en la vida. Y disipa cierta aparente incompatibilidad que parecemos dar por hecho en el pensamiento occidental tradicional.

Ikigai

Ikigai: la intersección de lo se ama, lo que el mundo necesita, lo que nos puede sostener y aquello en lo que tenemos buen desempeño/habilidad.

Según esta visión esa aparente contradicción (por ejemplo entre “hacer lo que se ama hacer” y “hacer lo que me paga el sueldo”) se trasciende con un trabajo “adicional” por equilibrar esas partes trabajando sobre alguna otra.

Lo cual demanda un investigarse-a-sí (que es un trabajo por el que nadie le pagará, ni le felicitará, ni le contratará). Responsabilidad (hacer eso que nadie le va a venir a decir que haga y que todo adultx sabe dentro que tiene que hacer) implica el incómodo lugar del cuestionarse y comprometerse (no de “establecer compromisos” sino de “ponerse en una situación comprometida”).

Y no es distinto a nivel interpersonal. Responsabilidad implica el incómodo lugar del cuestionar y comprometer.

Afirmamos que organizarse comprende la revisión lo que es la organicidad. Que sin esto queda un conjunto, más que una organización. “Organismo” implica que sus partes operan como órganos.

La organización es un deber de responsabilidad adulta, e involucra un trabajoso y a veces rudo proceso de revisarse, individual y comunitariamente. Dialogar, cuestionar, testificar. Hacer espacio y escuchar. Todas cosas que están “de más” para quien viene con el mindset de la cultura occidental tradicional. Es decir, todas cosas que nadie exige que se hagan, y las que se puede prescindir si la sola meta en mantener la cosa en marcha.

No entendemos ni por asomo cómo una escuela podría funcionar orgánicamente sin diálogo entre sus integrantes.

Nos es asimismo evidente que para mantenerse en marcha con memorizar el temario alcanza.

Al enseñar enseñamos también, inevitablemente, los supuestos de nuestra enseñanza. Lo que hacemos, eso estamos enseñando.

Nuestra visión es un embarazoso compromiso con la reflexión. No vemos otra manera de que el proyecto educativo sea cabal.

No nos jugamos por menos que esto.